
Y sin embargo que error tan grande, que mentira tan enorme.... cuantos sufrimientos en nombre de ese amor...
Y aunque nuestra adolescencia fue época de apertura, quisimos estudiar una carrera para ser dueñas de nuestra propia vida, nos incorporamos a la vida profesional y algunas de nosotras rompieron verdaderas barreras, quedó un poso muy profundo y peligroso en nosotras, peligroso por estar en el inconsciente, por no estar meditado.... quedó nuestra idea sobre el amor.
Llegamos a creer que éramos medias naranjas que solo se verían completas con la otra media, que esa media era única y exclusiva para nosotras y que bastaba con encontrarla; que aunque esa media naranja resultara ser un sapo, nuestro beso de princesa lo transformaría en un príncipe; que, como en los cuentos de hadas, todo acabaría en la boda, después de ella solo faltaba el rótulo “y fueron felices y comieron perdices”.
Bueno... ya sabemos lo que en realidad pasó...
Ni nuestro amor ni nuestros besos consiguieron transformar a nadie, al contrario si algo cambió fue que se agrandaron esos pequeños defectos que ya conocíamos. Por mucho que llegamos incluso a renunciar a nosotras mismas intentando que nuestro matrimonio no fracasara... solo conseguimos ser menos dignas de amor a los ojos del otro....
Porque no nos enseñaron que...
Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar los dos hacia un mismo horizonte.
El respeto profundo hacia la otra persona y lo que ella significa es la principal base del amor.
Que ese respeto profundo se debe basar en un conocimiento profundo.
Que el amor es un sentimiento que debe renovarse día a día.
En fin.... no supimos nunca que si algún sentido tiene el amor es apoyar y ver crecer cada día a la persona que amas cualquiera que sea el camino que ella haya elegido... y sentirse apoyado y crecer en el que tú has elegido.

